Compartir la Vida con Cristo en la Caridad

Monseñor Pedro Agustín Rivera Díaz

Jesucristo no es una ideología

Para revestirnos de Jesucristo hay que conocer y hacer vida sus enseñanzas, que quedan resumidas en:

• el mandato del amor,
• las Bienaventuranzas,
• el Padre Nuestro
• y la llamada regla de oro "Haz a otros lo que quieras que te hagan".

Para vivir lo anterior es importante saber que Dios tiene un Plan de Amor para cada uno de nosotros.

Realmente hacemos un bien cuando le decimos a quien nos rodea que Dios tiene un Plan de Amor para él (o ella).

Pero más importante es que también cada uno de nosotros podamos decir “Dios tiene un Plan de Amor para mí.

Es indudable que cada uno de nosotros tenemos un plan, pero ¿ese plan es el de Dios?

No se trata de que yo meta a Dios en mis planes, sino el de que yo meta en los planes de Dios.

Alguien, quizá con buena intención, quizá tener un carro, va le pide a Dios, o a la Virgen o a algún santo que le ayuden a hacerse de un carro… robándolo. Esa persona piensa que metió a Dios en sus planes, pero realmente él no está metido en los planes de Dios.

Para descubrir la voluntad de Dios y realizarla, San Ignacio de Loyola nos sugiere que contemplando un Crucifijo hagamos estas tres preguntas: ¿Jesús, que has hecho Tú por mí? ¡Qué he hecho yo por Ti? ¡Qué haré yo por Ti?

Dios nos ha elegido para ser su expresión y eso es nuestra misión, ser otro Cristo.

¡Mi vivir es Cristo!, dice san Pablo, en consecuencia cada uno de nosotros podemos decirnos a nosotros mismos: ¡Cristo vive en mí! y podemos compartir esta buena noticia, es decir el Evangelio, diciéndoles a los demás: ¡Cristo vive en ti!. Haz la prueba, vive esta verdad y observa que sucede contigo y con los demás.

Dios es amor, afirma san Juan y el Papa Benedicto XVI nos lo ha recordado en su primera encíclica “Deus caritas est”. El mismo Papa, en su tercera encíclica “Caritas in veritate” nos habla de la estrecha relación que hay entre la caridad y la verdad, destacando que en Dios, la Caridad es la Verdad. La Verdad es que Dios me ama, te ama y ama a todos los seres humanos, al grado q e nos ha dado a s Hijo, para que todo el que crea en Él, tenga Vida Eterna.

La Misericordia de Dios existe porque Él es bueno. Jesús es la expresión de la Misericordia de Dios.

No podemos encontrarnos con Cristo si no vivimos una relación de corazón a corazón con Él.

No podemos prescindir de Jesús para salvarnos, para hacer el bien y para ser felices.

La relación con Cristo es prioridad para cada persona, para la pastoral de la Iglesia y la transformación del mundo. “La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal, y sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”. (BENEDICTO XVI. Caritas in veritate. No.1. 29-jun-2009)

La relación siempre es novedad. Dos novios que se aman, siempre están pensando el uno en el otro y cada encuentro es nuevo.

Sin no tengo tiempo para Dios, es que en realidad no me he encontrado con Él.

Hay cristianos que no se han encontrado con Jesús y es que no lo han podido reconocer a su lado, como los peregrinos de Emaús; pero así como ellos lo reconocieron en la “Fracción del Pan”, así también nosotros lo podemos reconocer y encontrar en la Eucaristía, para que Él nos manifieste su Misericordia y nos impregne de su Caridad y Amor.

Jesús está en la Misa, en el sagrario, en el confesionario, en la oración, en el rosario, en el hermano, etc.

La mayor alegría es encontrarnos con Jesús y comunicarlo a los demás.

Hay que saber donar la vida por Cristo, con Él y en Él y como Él ponernos al servicio de los demás.

Tenemos que aprender a ser libres para darnos todo a todos

La Eucaristía, donde real y verdaderamente está presente Jesucristo, con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y Divinidad, no es una cosa, es una persona, es el mismo Señor Jesucristo. Jesús está presente en mi vida, cuando sirvo, cuando lavo los pies, pero sobre todo en la Eucaristía. Al repartir el pan y el vino en la Última Cena, Jesucristo dio gracias y en griego esto se dice Eucaristía.

Cada uno debemos dar gracias a Dios, pues todo lo hemos recibido de Él, así nuestra vida tiene que ser una constante Eucaristía, unida a Jesucristo para ofrecernos con Él y por Él al Padre, movidos por el Espíritu Santo.

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