Oración es estar en comunicación con Dios

Hermanas Religiosas de la Cruz

 

La Venerable Concepción Cabrera de Armida es una mistagoga que acompaña por los caminos de la oración, ya transitados por ella en su unión con Dios Trinidad.

Lo que presenta en estas páginas es su propia experiencia en la vida de oración y el itinerario que ha recorrido para llegar a la unión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo.

Es la oración una comunicación directa de Dios con la criatura y de la criatura con Dios... Es la oración la llave de los tesoros eternos... La oración es el silencio profundo del alma enamorada, y su alimento, y vida... La oración es el sol esplendente que calienta e ilumina a las almas puras o purificadas... La oración es el centro indispensable en donde Dios se junta con el alma pura.

La oración encierra en su seno purísimo las celestiales confidencias de los divinos amores... La oración es el campo escogido por Dios para sus comunicaciones internas. En la oración se descubre Dios mismo, a su placer, y en los grados que a Él place, a las almas inocentes, sencillas, y humildes. Jamás descorre la Divinidad sus velos ante las almas soberbias, falsas o maliciosas.

La escala divina de la oración contiene muchos escalones o grados por los cuales el alma pura sube, y Dios baja... ¡Oh sublime dignación del Criador con la criatura, del Dios tres veces santo con el alma pobre, desnuda, vacía, y sedienta...! Él viste, hija mía, con la vestidura de la gracia, al alma desnuda de todo propio querer... Él enriquece con sus dones y preciosas perlas de las virtudes a la que de verdad es pobre de espíritu, o lleva en sí la divina pobreza espiritual perfecta... Él llena con la profusión de sus tesoros eternos al alma vacía, que ha muerto a sí misma para vivir de sólo Dios... y Él, en fin, calma la sed de justicia de alma hambrienta de lo sobrenatural con la posesión y comunicación de la misma Divinidad.

Con estos cuatro caracteres o cualidades, deben presentarse las almas puras a la escala de la oración.

Son indispensables estas cuatro cosas, para la verdadera oración y comunicación de Dios con el alma, porque Él no desciende a los corazones que no se presentan ante esta escala santa: pobres, desnudos, vacíos y sedientos. Al alma hinchada y soberbia, jamás desciende Dios con sus tesoros y comunicaciones divinas. El alma humilde atrae sus miradas, y sus dones, sus gracias y divinos favores....

Está la oración, al alcance de las almas, que poseen estas cuatro cualidades, o más bien, virtudes, en más o menos escala, y a esta medida también se les da la comunicación divina. La oración es una gracia, que llega a don; el alma que posee este don, generalmente llega a la perfección de la santidad. Pero, aun cuando la oración es un don divino, no lo da jamás el Espíritu Santo, sino a las almas puras o purificadas, que prepara de antemano con estas condiciones. (CC 13, 273-276).

“Dios, Dios, Dios, este grito hace días resuena en el fondo de mi alma; y en todas mis oraciones no oigo otra cosa... el alma hacia aquel punto: Dios, Dios, mi Dios... ".

Venerable Concepción Cabrera de Armida.

“Orar es estar con Dios: verlo y que nos vea, amarlo y que nos ame"

El Siervo de Dios Monseñor Luis María Martínez es un maestro de los caminos del Espíritu.

Transcribimos sus enseñanzas a las hermanas de la Cruz.

Para orar basta querer. En todas las circunstancias de la vida y en cualquier situación del espíritu podemos hacer oración. Para que nos convenzamos de ello, es preciso tener un concepto muy exacto y muy claro de lo que es la oración:

Hacer oración es estar con Dios espiritualmente. Y los espíritus sólo se comunican de dos maneras: por el conocimiento y por el amor. Estar con Nuestro Señor quiere decir: verlo y que nos vea; amarlo y que nos ame. Esto mismo hacemos cuando permanecemos con una persona amada.

Por eso podemos decir con santa Teresa: La oración es una conversación con Dios. Y todavía es restringido este concepto, porque yo digo que ni siquiera es preciso conversar: se puede estar con una persona amada y no hablarle ni una palabra o de cuando en cuando cruzar con ella una frase. Lo que importa es estar juntos, vernos y amarnos. La oración es un trato íntimo con Dios, por ello no necesitamos ni hablarle, ni platicarle. Podemos sólo verlo y amarlo para que se comuniquen los espíritus.

Pero aún este mismo verlo, puede ser de distintas maneras. Unas veces se ve a una persona materialmente; otras, no se le ve con los ojos del cuerpo, porque supongamos que está en la oscuridad. Pero se comunica uno con ella, o simplemente se tiene la impresión de que se está con ella.

Comunicarse con Nuestro Señor puede ser de mil maneras; a veces nos damos cuenta de su bondad, de su misericordia, las sentimos. En otras ocasiones tendremos sólo la experiencia de que estamos con Él; esa impresión nos puede llenar de consuelo, o de dolor o de tristeza. Así puede suceder también con una persona amada en circunstancias especiales.

El trato significa estar uno en comunicación con la persona amada. No es fuerza que esta comunicación sea de una o de otra manera, ¡hay tantas formas de hacerlo! Mucho más tratándose de Nuestro Señor. ¡No es necesario que sea de éste o de aquel modo, con tal de que estemos con Él! Hay infinitas maneras de amar; se puede manifestar el amor en el sufrimiento o en el gozo, en el descanso o en el trabajo, en la quietud o en la intranquilidad….

Siervo de Dios Luis Maria Martínez, Arzobispo de México.



Para Orar

Comprueba como en circunstancias concretas: el trabajo, la relación con los demás, los sufrimientos, las dificultades, etc., todo es camino para comunicarte con Dios.

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