La vivencia de la Cuaresma y la Pascua en Japón

P. Ignacio Martínez Báez. MG

Recuerdo que desde niño la Cuaresma tenía para mí un sentido un tanto triste, es decir, la insistencia en la abstinencia, de no comer carne, de portarse bien, de irse a confesar, etc, como que crecí con un sentimiento de prohibición, de penitencia, de insistir en mis pecados y en mi fragilidad; aunque con el paso de los años de mi formación sacerdotal en el seminario fuí comprendiendo conceptualmente que la Cuaresma es un tiempo de preparación a la gran fiesta de la Pascua y un tiempo de purificación interior para vivir más intensamente la amistad con Jesucristo.

Sin embargo, hasta que llegué a Japón, descubrí un nuevo mundo espiritual con respecto al tiempo de la Cuaresma, es decir, descubrí que para muchos hombres y mujeres es un tiempo de gran alegría y de emoción, pues es la última etapa del proceso del catecumenado, pues la gran mayoría de los bautizos que se realizan en Japón son precisamente en la Vigilia Pascual.

Estos 40 días del tiempo cuaresmal son un tiempo muy especial para las pequeñas comunidades cristianas de Japón, pues es el tiempo privilegiado para acompañar a los catecúmenos en su última etapa de preparación para recibir el gran don del Bautismo y recibirlos con gran alegría como nuevos hermanos en la fe, compañeros en el camino del seguimiento de Jesús dentro de la comunidad cristiana.

En la liturgia de cada domingo de Cuaresma hay una serie de signos especiales para estos hermanos, donde se les va explicitando la alegría de la fe y el significado de pertencer a la gran familia de los hijos de Dios, reciben, la Oración del Señor, que nos identifica como hermanos en el Hermano e hijos en el Hijo amado. Otro domingo se recibe el Credo, que es la profesión de fe que nos identificará no sólo miembros de la comunidad, sino como misioneros del amor de Dios en medio de la sociedad, las unciones, los gestos, las oraciones, las lecturas bíblicas, en fin, estos 40 días son un camino de unidad y de crecimiento de la fe, pues no sólo los catecúmenos, sino toda la comunidad creyente se reune en torno a la acción de gracias por el gran regalo de la fe.

Como misionero, el acompañar a cada uno de los catecúmenos en este camino maravilloso de la fe, fué una gran alegría, pero también una gran oportunidad para renovar el propio don de la fe, y palpar la renovación de la comunidad cristiana que se ve enriquecida con la presencia de nuevos hermanos y hermanas que vienen a inyectar sangre nueva la familia de los hijos de Dios. Para posteriormente vivir los 50 días de la gran alegría pascual, viviendo intensamente el gran regalo de la fe.

Talvez aquí en México tengamos muy pocas oportunidades de vivir y acompañar a nuestros hermanos que buscan la fe en Jesucristo, pues prácticamente todos hemos recibido el don de la fe desde pequeños y no hemos experientado el camino del catecumenado. Sin embargo, cada uno de nosotros, independientemente de nuestra historia pasada, debemos de buscar esa oportunidad de hacer consciente nuestra elección por seguir a Jesucristo en el hoy de nuesta vida, pues en esta época, más que nunca estamos llamados a ser cristianos no por tradición, sino por verdadera convicción, porque realmente hemos elegido consciente y libremente el vivir de acuerdo a los valores de nuestra fe en Jesucristo. Les deseo felices pascuas de resurección a todos ustedes, los invito a que esta Pascua sea una oportunidad para renovar nuestra identidad cristiana y les pido que recordemos en nuestra oración a todos los hermanos y hermanas que en esta Pascua recibirán el gran regalo del Bautismo.

Unidos en Cristo Misionero de la Vida.

Nos vemos hasta la próxima......

P. Ignacio Martínez Báez. MG

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