La Dimensión Espiritual. Es decir, “Ser hombres de Dios para los demás”

P. Ignacio Martínez Báez. MG

La entrega anterior fué como una introducción a esta serie de propuestas donde deseo compartir con ustedes los grandes ejes de la formación integral que tratamos de dar a los futuros sacerdotes misioneros del Siglo XXI, con los que esperamos afrontar con esperanza y valentía los retos de la evangelización del mundo actual.

Quisiera empezar con la dimensión formativa que se refiere a la vida espiritual que deseamos vivir en nuestro seminario, con nuestros aumnos que estudian a nivel de la preparatoria.

Lo primero que tratamos de hacer es construir un ambiente de vida espiritual accesibe y desafiante, donde nuestros alumnos se den cuenta de su propia historia espiritual con la que llegan y es su base de vida, pero, que a la vez comienzan un proceso de conocimiento, de amor y de opción personal por el seguimiento de Cristo, tratando de integrar los valores del Evangelio en su vida diaria para ser intrumentos dóciles del amor de Dios en el mundo.

Esta formación no se logra únicamente desde una exposición teórica de las verdades de nuestra fe, sino sobre todo, desde una experiencia vital del seguimiento de Cristo en su persona, viva y desafiante. Se trata de proponer al adolescente grandes retos de encuentro con nuestro amigo y maestro Jesús.

Se trata de experimentar desde el fondo de nuestro corazón la presencia amorosa y desafiante del Hijo de Dios, nuestro salvador y Señor, con la acción del Espiritu Santo, desde un encuentro humilde en la oración diaria, en la participación alegre de la Eucaristía comunitaria, en una escucha atenta y constante de la Palabra de modo cotidiano, de una convivencia fraterna con aquellos hermanos que han sentido el mismo llamado a entregar la vida por el Evangelio.

Porque entonces, nuestra vida entera tiene como eje central el encuentro tranformador con la fuente del amor: con nuestro buen Padre Dios, y desde ahí ir poco a poco recontruyendo toda nuestra persona, nuestros ideales y nuestra propia vida, para ir interiorizando nuestra vocación de ser “hombres de Dios para servir al mundo, en el caminar de la Iglesia”.

Este deseo, es el deseo fundamental de todo creyente a lo largo de toda la vida, por eso, para el sacerdote ésto es algo definitivamente esencial que se debe de vivir desde el inicio de la formación en el Seminario, de ahí que debamos de vivir intensamente este acompañamiento espiritual para que que cada alumno se vaya moldeando al estilo del amor de Dios para llegar a ser un humilde servidor de la humanidad.

En esta área, el trabajo paciente y constante del Director Espiritual y del Confesor es fundamental para que el muchacho se vaya llenado del amor y la misericordia de Dios y la pueda compartirlas con la gente a quienes sean enviados.

Pidamos al Señor que siga alimentando el espíritu y el corazón de todos aquellos jóvenes que guiados por el Espiritu Santo sean fieles a la vocación sacerdotal misionera que han recibido.

P. Ignacio Martínez Báez MG
Director Espiritual
Seminario Menor de Misiones Extranjeras.
Guadalajara Jalisco.

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