La Dimensión Evangelizadora. “Ser apóstoles de esperanza en el mundo”

P. Ignacio Martínez Báez. MG

En esta entrega quisiera hablar a cerca de la dimensión formativa que se refiere a ir moldeando “un corazón apostólico” entre nuestros alumnos, es decir, tratar de ir acompañando al seminarista en su proceso de impregnarse de Cristo para darlo, para compartirlo a las personas que lo rodean o a las que sean enviados para dar testimonio del amor de Cristo. Se trata de formar apóstoles comprometidos con las necesidades de la sociedad actual, partiendo de una profunda conciencia del compromiso misionero que se adquiere desde el momento del bautismo y que se va profundizando a lo largo de la vida cristiana en un primer momento y después de una manera más explícita en la vocación sacerdotal misionera al estilo de Santa María de Guadalupe, estrella de la Evangelización.

No solamente se trata de tener un “conocimiento” de la propia identidad misionera y adquirir los recursos teóricos necesarios para dar a conocer contenidos de fe, sino que también es necesario “ejercer” con la propia vida, con acciones misioneras concretas esa identidad profunda de evangelizador, pues solamente se aprende a ser apóstol de Cristo, dándolo a conocer a los demás, “se aprende a ser apóstol haciendo apostolado”. De ahí la importancia de tener actividades apostólicas a lo largo del proceso de formación.

Los grandes ejes de la formación apostólica se refieren a los valores de la disponibilidad, del espíritu de sacrificio, de la constancia en las dificultades que conlleve el trabajo encomendado, la paciencia ante el desánimo, la conciencia de ser enviado y la alegría de saberse testigo humilde y convencido de nuestro gran amigo y hermano Jesucristo. En nuestro Seminario Menor tenemos varias formas de vivir la identidad apostólica, cada semana se tiene el apostolado: para los alumnos de 1er grado de bachillerato, se tiene un “Curso Básico de Catequésis” para reafirmar los principios fundamentales de nuestra fe basados en un encuentro profundo con el Señor Jesús y su Evangelio, del cual seremos sus testigos. Ésta es una gran oportunidad de ver más a fondo el contenido de nuestra fe que será la base desde donde brotará nuestro servicio apostólico.

Para los alumnos de segundo grado, se tiene la oportunidad de ayudar en una parroquia en el trabajo de catequesis pre-sacramental para niños de primaria, así se empieza a formar el corazón evangelizador de nuestros alumnos compartiendo con alegría el mensaje de Jesús. Y para los alumnos de tercer año se tiene la oportunidad de conocer la pastoral de la salud mediante la ayuda en un hospital católico de la ciudad de Guadalajara, es la oportunidad de enfrentarse con el dolor de los hermanos enfermos que necesitan del consuelo y de la ayuda de Dios.

Además de que tenemos tres grandes momentos al año donde toda la comunidad de seminaristas y sacerdotes formadores salimos durante varias semanas de “Campo Misión” a ayudar en el trabajo evangelizador de alguna parroquia necesitada que se encuentre en un lugar que requiera de apoyo; durante los últimos años hemos ido a la sierra de Michoacán y principalmente se nos ha pedido apoyar en la pastoral infantil, juvenil y la formación de líderes de las comunidades, lo cual les ha ayudado mucho a nuestros alumnos a crecer en el corazón y las actitudes de apóstol. Esos momentos fuertes son en enero, en Semana Santa y en julio, son grandes oportunidades de compartir alegremente nuestra fe y de aprender mucho de la gente buena, generosa y devota con quienes compartimos la alegria de creer en Jesucristo durante esas semanas de apostolado.

De esta forma, nuestros alumnos van aprendiendo desde la práctica y desde la teoría la importancia de ser fieles transmisores de la paz y la alegría de Cristo a quienes más lo necesitan y a la vez colaborar con nuestro granito de arena a la construcción de un mundo y de una sociedad que sea un espacio más lleno de Dios y de su Evangelio. Unidos en la misma misión del Hijo recibida del Padre, con la guía del Espiritu Santo, bajo la guía de la Palabra viva de Dios y el apoyo de muchas personas queremos ser parte de la obra de la Evangelización que transforma positivamente el mundo, teniendo un corazón universal queremos aceptar este gran reto en la humildad y la fidelidad para asumir esta gran oportunidad que se presenta a los futuros sacerdotes misioneros del Siglo XXI, como una vocación maravillosa que nos lleva a ser servidores del Amor de Dios por la humanidad que nos impulsa a ir más allá de nuestras fronteras.

Nos vemos en la próxima entrega.
En Cristo Misionero.

P. Ignacio Martínez Báez MG
Director Espiritual
Seminario Menor de Misiones Extranjeras.
Guadalajara Jalisco.

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