La oración es estar con Jesús

Hermanas Religiosas de la Cruz

“Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dijo: `Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.'…. Así que se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario.” (Mc 6,30-32).

Concepción Cabrera de Armida es una mistagoga que acompaña por los caminos de la oración, ya transitados por ella en su unión con Dios Trinidad. Presenta en estas páginas su propia experiencia en la vida de oración; el itinerario que ha recorrido para llegar a la unión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo.

“Me dio hoy el Señor una oración como de punto, simplísima y de abstracción. Veré si puedo explicarla.

Es una reunión de los sentidos y potencias, de todas las facultades del espíritu en un solo punto, Dios; pero no en un Dios abstracto, en un Dios concreto, ¡oh no!, en un Dios múltiple de perfecciones y primores. .

Pero el alma no puede fijarse en esa multitud de encantos sino en un conjunto o unidad de encantos. No puede concretarse a pensar en una sola perfección o atributo, aunque infinito, sino en el todo de esos atributos y perfecciones formando un solo punto, o que a ese solo punto convergen.

¡Oh qué cosas! Se endiosa el alma pensando sin pensar, absorbida, extasiada, presa de aquella infinita y divina presencia que lo absorbe todo, que todo lo encierra.

En un abrir y cerrar de ojos, se siente el alma poseída y a la vez en posesión de aquel Todo que la embelesa, que la subyuga, que la envuelve encantándola, absorbiéndola, abstrayéndola en un instante de todo lo que no es Él.

Se me figura, por lo que me ha explicado el Señor, que esto no es oración sino una especie de muda contemplación, que sin hablar, ni pensar siquiera, ama, ama, y todo lo cuenta al Amado, con ese lenguaje mudo del amor divino, que sólo el amor comprende.

Es tan intenso este paso de oración, diré, que el alma no sólo recibe riego, calor, luz, sino que de repente se ve sumergida entre un mar... entre un horno... entre miles y millones de resplandores.

No son entonces dos flamas que tienden a buscarse; es un volcán, que absorbe aquella llama, y la hace perderse dentro de Él.... y no forzándola, sino haciéndola como tender a su centro, y confundirse en la misma substancia divina de que está formada.

¡Oh qué hermosa oración!, y ésta, no me deja, y no puedo tener otra hace tiempo; y apenas me asomo a mi interior si no ando muy lista, y a veces aun andando, me absorbe como un fuego grande a un chico.

Esta clase de oración y la de escritura son las únicas que hace tiempo puedo hacer.

¡Bendito el Señor por todo! (CC 24, 5-8)

“Me basta ver una imagen, sólo oír la palabra Dios o pronunciarla... y sentir que se me marcha el alma... que se esconde en su Jesús, que vuela, que se lanza, sin que haya poder humano que la detenga”

Venerable Concepción Cabrera de Armida.



“Un momento de estar con Jesús nos da más energía que veinticinco mil consideraciones”

Mons. Luis María Martínez es un maestro de los caminos del Espíritu, transcribimos sus enseñanzas a las religiosas de la Cruz.

Debemos comprender a fondo qué es la oración. No vamos a la oración para discurrir ni para estudiar ni para aprender; para instruirse sirven la lectura espiritual, las pláticas y otras cosas así; pero la oración no es para aprender, o si nos ilustramos es de otro modo: por medio de intuiciones que Dios nos da.

A la oración vamos a estar con Jesús. Si nos quiere enseñar algo, ¡bendito sea! Pero no nos acercamos a Él para aprender ni tampoco para arreglar la práctica de nuestra vida. No es necesario ni siquiera pensar cómo vamos a hacer lo que tenemos que realizar después.

¿Que tenemos entre manos un negocio muy difícil? No vamos a la oración a pensar cómo lo arreglamos. ¡Claro que estando con Jesús vamos a salir tan llenos de luz, tan calmados, que seguramente después veremos muy clara su solución!

Si delante de Nuestro Señor comenzamos a pensar en cómo arreglar las dificultades, perdemos el tiempo y nos apartamos de Él. Y lo mismo será si nos ocupamos en reflexionar de qué medios nos vamos a valer para practicar tal o cual virtud.

Algunas veces será preciso tratar de asuntos prácticos en la oración; como cuando, por ejemplo, tenemos una pena, o un asunto que de tal manera nos preocupa que nos absorba y nos impide pensar en otra cosa. Lo debido entonces es platicarle a Él esa inquietud.

Por eso dice san Francisco de Sales que le podemos hablar a Nuestro Señor de todo, porque hay veces en que materialmente no se puede platicar con Él más que de aquello que nos preocupa.

Pero ordinariamente no hemos de ir a la oración para pensar en cómo arreglaremos asuntos materiales; tanto más que generalmente conocemos muy bien lo que debemos hacer; ya sabemos cómo hemos de portarnos y dominarnos, etc. Lo que nos falta es fuerza para llevarlo a cabo. Y unos momentos de estar con Nuestro Señor nos darán más energía que veinticinco mil consideraciones.

Nos acercamos a Él, nos encendemos en su amor, y conocemos que debemos corregirnos; no lo hemos hecho o porque no hemos querido o por rehuir el esfuerzo. Pero después de estar con Él ya tenemos la fuerza para hacerlo.

SD Luis María Martínez Arz. de México.



Tarea

EXPLICITA QUE SIGNIFICA HACER ORACIÓN PARA ESTAR CON JESÚS Y QUE COSAS CONCRETAS IMPIDEN LA COMUNICACIÓN CON ÉL.

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