La fiesta de San Valentín en Japón

P. Ignacio Martínez Báez. MG

El Día 14 de febrero es la celebración del “Día del Amor y la Amistad” como ahora se llama más comúnmente en el lenguaje del comercio a lo que originalmente era una fiesta litúrgica de la Iglesia que coincidía con la conmemoración de San Valentín, un santo, que con la actualización de toda la Liturgia católica, realizada después del Concilio Vaticano II, dejó de celebrarse, por carecer de documentación histórica fidedigna. Sin embargo, se conserva una leyenda muy hermosa que habla de que este santo, en tiempos de cruenta persecución contra los cristianos, se dedicaba a impartir el sacramento del matrimonio a parejas cristianas que se amaban y no les quedaba más que recibir el sacramento en la clandestinidad, de ese modo, el amor cristiano, plenificado en el sacramento del matrimonio se realizaba en muchas parejas gracias al apostolado de este santo, por eso, se empezó a unir la fiesta de este santo con la celebración cristiana del amor de las parejas.

Poca gente conoce esta historia de verdadero amor cristiano, y poco a poco se ha ido descristianizando su significado, incluso en países no cristianos como en Japón, ese día se llama “El Día de Valentín” donde la mercadotecnia ha encontrado una verdadera mina de oro y de “chocolate”, pues según los cálculos de la industria chocolatera japonesa, en ese sólo día se vende casi el 80% del chocolate que se vende en Japón durante todo el año, parece increíble, pero es cierto, se ha logrado levantar todo un aparato comercial y mercadotécnico gigantesco en torno al “amor”, pues ese día todas las mujeres “deben” de darle chocolates a todos los hombres con los que tienen algún tipo de contacto, aunque no sea de amistad, aunque sea de puro compromiso, o por relaciones laborales, vecinales, etc, y esto en una sociedad que cuida tanto la apariencia y las relaciones interpersonales como la japonesa, es importantísimo.

Pero ahí no acaba todo, la mercadotecnia y el afán de negocio es insaciable, ahora falta que los hombres le correspondan a las mujeres, para eso se instituyo “sabiamente” el llamado “White Day” el 14 de marzo, en el que ahora los hombres tienen que comprar chocolate blanco, para también activar esta parte de la industria chocolatera, para regalar a todas las mujeres que les dieron chocolates el mes anterior, de ese modo se cierra el círculo perfecto del negocio de la mercadotecnia, del “tú me das y yo te doy”, es decir, no importa qué relación tengas conmigo, si tú me das yo estoy obligado a regresarte el regalo y así todos contentos y satisfechos por haber cumplido otro año con este ritual, que como ven, ya está muy alejado de ese amor evangélico de donación, de ágape, de gratuidad y desinterés que nos enseñó Jesucristo y supo muy bien vivir San Valentín.

Es así como una fiesta originalmente religiosa, es convertida en un gran pretexto para el consumismo y las relaciones superficiales, sin embargo, creo que este fenómeno no sólo sucede en Japón, sino también a nuestro rededor, en nuestra propia familia, con nuestros amigos, con nuestra pareja, etc. ¿No estaremos también nosotros descristianizando un día que es para vivir y agradecer intensamente el Amor gratuito de Aquel que es la fuente del Amor: Nuestro Buen Padre Dios?

¡Feliz Día de San Valentín, feliz Día del Amor!

P. Ignacio Martínez Báez. MG

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